Nunca he entendido a esa gente que juzga un disco a la primera escucha diciendo que es muy bueno o muy malo y acto seguido lo tira a la papelera (de reciclaje) porque ese artista no le gusta y nunca lo escucharía si no fuera por dinero o por tener la estúpida necesidad de demostrar que sabe de todo. Si por algo se distingue este blog es porque los que aquí escribimos lo hacemos, sin prisas, sobre grupos o discos que nos gustan o, al menos, despiertan algún interés para nosotros y para nuestros pocos lectores asiduos. A estas alturas supongo que sabréis que los discos de Sr. Chinarro requieren más de una escucha y más de dos para llegar al fondo y poder decir algo sobre ellos, y este no es una excepción por mucho que pueda parecerlo. En fin, vamos al lío.
Haciendo un repaso por los primeros años de Sr. Chinarro, cuando le preguntaban el significado de las canciones y él respondía que le faltaba valor para confesar sus propias interpretaciones; le pedían influencias y negaba conocer más de dos grupos o le preguntaban por sus libros favoritos y mentía diciendo que leer le daba dolor de cabeza, nadie se atrevería a pronosticar por aquel entonces que este ¿malagueño? llegaría a la decena de trabajos dieciocho años después de aquel homónimo del 94. Y qué trabajos! Desde la suculenta oscuridad de “El porqué de mis peinados” (97) a las primeras luces de “El fuego amigo” (2005) que junto al maravilloso “El mundo según” (2006) y a este “Ronroneando” del que hoy hablamos forman una trilogía en la que Antonio Luque le gana definitivamente la batalla al Chinarro más introvertido y se lanza a la búsqueda de un sonido limpio, con voces en primera línea y letras menos crípticas y más realistas. Agárrense los puristas.
Antaño, Antonio Luque hacía gala de un hermetismo y una aspereza solo comparables a la calidad de sus composiciones, con letras indescifrables. Nadie entendía nada de lo que en aquellas canciones se decía pero ocurría que en ese baile de significados cada uno acababa volcando sus sentimientos…y terminabas escuchándote a ti mismo, que es, al fin y al cabo, para lo que escuchamos música. El tema es que esta típica actitud chinarra ha sufrido una transformación total desde “El Fuego Amigo”. Ahora Antonio Luque habla de su anterior trabajo en la fábrica de Bollycao, de los discos que se baja, de sus futuros proyectos literarios, de qué hablan sus canciones, trabaja música y letra hasta hacerlas inteligibles, pide a sus productores una voz nítida. ¿Pero esto qué es!! Diréis algunos. Antonio Luque reclama la propiedad sobre Sr. Chinarro, ahora sus canciones cuentan sus historias y solo las suyas, sin dobles o triples sentidos. Es por esto por lo que muchos tachan a “Ronroneando” como el temido mal disco de todo artista en la carrera de Sr. Chinarro.
Yo no lo creo, es más, estoy seguro de que estos mismos son los que a otros artistas les piden un cambio constante para no caer en la rutina, o critican el estancamiento y lo repetitivo de otras bandas ¿Acaso Sr. Chinarro no tiene derecho a evolucionar o explorar en nuevos terrenos? El problema reside en la dirección, pues parece que la banda de Antonio Luque (“Pronto hacemos tres años juntos ¡jajaja somos un conjunto! ¡Toco en un conjunto”) se acerca peligrosamente a los medios tiempos del cantautor de radiofórmulas, y claro, a los modernitos esto nos echa para atrás. Lo curioso o triste es que aún haciendo las mejores canciones: notas fáciles, el coro infaltable, la letra aprendible, la duración perfecta, cantadas en español, o sea la canción ideal para la radio (3), siempre preferirán a un tío cachas y sonrisa profiden y que mueva bien las caderas. Aun así “Ronroneando” se esperaba igual que se han esperado los últimos trabajos del sevillano, con mucha expectación de ver qué iba a ofrecer ahora. Un posible cambio, una vuelta al sonido inicial, una continuación… especulaciones, miles. Sr. Chinarro ha visto incrementarse su popularidad en los últimos años, a la vez que se hacía, en principio, más accesible y menos cerrado en sí mismo, por lo que también había más piedras de toque a las que superar.

En “Ronroneando” repiten Pablo Cabra, Javi Vega y Jordi Gil, quien además produce el trabajo. Junto a ellos dos colaboraciones para darle más presencia femenina al sonido por parte de Ana Galletero (Travolta) y Ana Fernández-Villaverde (La Bien Querida).
El disco comienza con “Los Ángeles” que como buena presentación el disco requiere el mismo proceso: a la primera escucha se defiende como una canción menor, pero luego crece como una de las mejores,
pegadiza, con un coro que emociona y una letra que habla del miedo al abandono, Sr. Chinarro celebra la derrota como pocas veces se ha escuchado. “Tímidos” recupera el impulso alegre de sus últimos trabajos con versos enrevesados que hablan de una chica introvertida que sólo él dice comprender. Un canto a la timidez como coartada de su antipatía. En “Los amores reñidos” la guitarra de Jordi Gil dramatiza todavía más la rabia con la que Luque canta al amor, en una postura muy cercana ala de su amigo J. “Anacronismo” es la mejor del disco para los puristas, con las mejores guitarras del disco, muestran a un Antonio Luque con ganas de ligar tras los fracasos de las primeras canciones; con unos arreglos muy conseguidos y un sonido muy limpio. “La parra marchita”, un poco folk., es para muchos la peor canción de Antonio Luque, pero de siempre; yo creo que si formara parte de otro disco otro gallo cantaría. “El gran poder” es una letra de des-amor muy cuidada, lenta, emocionante, desoladora, intensa. “San Antonio” es una bosa-nova acústica en la que juega con las palabras entre su nombre y el santo para buscar novio, que es el mismo. En “El teórico” saca a pasear todo su ingenio y esa cultura de música popular; curiosa. “La resistencia” es mi favorita y ya la comenté en las canciones de la semana. “A mano” sirve de antesala al gran cierre que supone “El alfabeto morse”, una canción maravillosa.
Personalmente creo que el poker de “Ronroneando” lo conforman “Los ángeles”, “el gran poder”, “la resistencia” y “el alfabeto morse”.
La influencia flamenca, salvo en algún ritmo, ha desaparecido, aunque nuestro folclore está muy presente en todo el disco, conformando un trabajo cálido y agradable. Un disco para su generación; para esos gafapasta que ahora pelean con hipotecas y que dominarán el país en unos años o para el tierno popero que por fin puede utilizar uno de sus temas a la guitarra para doblegar a la chica deseada. Los amores están ahí, ya no se esconden. No debe ser fácil para alguien que se ha llevado tan bien con los enigmas líricos escribir algo tan directo.
Este año no viene al Contempopránea así que ya veré como me las apaño para verlo en directo, porque a mí con Chinarro me pasa lo que a un periodista americano la primera vez que vio a Lola Flores en E.E.U.U. Decía la crónica:
Esta noche actúa una mujer española,
No canta bien,
No baila bien,
No es guapa,
No se la pierdan.
-John Nash-














[...] puede ser el comienzo del fin de Sr. Chinarro como tal; si esto retrasará al sucesor de Ronroneando o si antonio Luque será capaz de compaginar uno y otro grupo sin problemas. De momento se espera [...]