Grupo de la semana: Teenage Fanclub


– El Tesorero –

Consideraciones previas

Antes de nada, aviso para navegantes: Si eres periodista musical, o fan incondicional, o simplemente un repelente sabelotodo, deja de leer este breve artículo; esta reseña es para todos aquellos que conocen únicamente a los Teenage Fanclub por habérselo oído a su raro amigo gafapasta, por haberlos visto en la lista de “influencias” de incontables grupos del myspace, o por haber sido arrastrado por su nueva novia poppie hasta el Contempopránea. Igualmente advierto: éste que se dispone a escribir aquí (muy someramente) acerca de la vida y obra de la banda escocesa, escuchó un disco entero suyo hace apenas unas semanas, por lo que entenderéis que mis impresiones aquí plasmadas son las del oyente advenedizo que trata de explicar de manera llana y sencilla quiénes son Teenage Fanclub y qué aportación hacen y han hecho al mundo de la música, sin los fervorosos puntos de vista ni los grandilocuentes comentarios de los acérrimos e incondicionales de los escoceses.

¿Quiénes son estos tíos raros?

La historia de Teenage Fanclub es la historia de sus tres componentes principales: Norman Blake, Raymond McGinley y Gerard Love. Los tres se juntan (junto con el batería Francis McDonald, que posteriormente abandonaría la formación para reincorporarse en los últimos discos) a finales de los 80 en Glasgow fruto de ese excelente ambiente cultural reinante en la ciudad escocesa y que vio nacer a otros tantos grandes grupos. A partir de ahí, una carrera de 8 LPs, incontables singles y un magnífico recopilatorio, con una clara evolución musical, y que apenas ha contado con altibajos. Por lo demás, a pesar de sus prometedores comienzos como estrellas del pop, siempre se han quedado a las puertas del éxito comercial y se han convertido más bien en un grupo de culto, con numerosísimos e incondicionales seguidores, dentro del más selecto y exquisito público alternativo.

Muchas son las señas de identidad que caracterizan a TFC, pero para resumir hablaremos principalmente de dos aspectos. Por un lado, podemos decir que los escoceses bebieron de una fuente distinta a la que el resto de sus vecinos a la hora de conformarse sus gustos musicales; y es que mientras sus coetáneos británicos tenían como clara referencia a los Beatles, los Fannies prefirieron mirarse en el espejo de grupos de la Costa Oeste norteamericana, principalmente The Birds (los cuales, paradójicamente, surgieron en su momento como alternativa estadounidense al cuarteto de Liverpool). Este hecho es clave para entender el estilo de la banda, más cercano al rock alternativo del otro lado del Atlántico, con guitarras más potentes y composiciones más oscuras a lo que venía siendo habitual en las islas. Todo ello es lo que hace que se conozca a los TFC como la más americana de las bandas anglosajonas, y que como consecuencia les hizo tener más éxito en USA que en su propio país.

Sin embargo, este hecho se refleja especialmente en los primeros discos, pues mientras que en EEUU comienzan a darse otras corrientes, el sonido teenage va evolucionando hacia el sonido que hoy podemos conocer, pop británico con composiciones melódicas y personales. El proceso se inicia con su tercer disco, Bandwagonesque (Geffen, 1991), y el que todos señalan como su obra culmen. Es entonces cuando muchos de sus seguidores se sienten defraudados (sobre todo entre el público norteamericano, que posteriormente abrazaría el grunge), pero también cuando el sonido del grupo va madurando hacia un estilo personalísimo que empezaría a hacer las delicias en los círculos independientes, más abierto a este tipo de propuestas.

El otro gran aspecto diferenciador de TFC es la composición de su estructura, y su manera de trabajar; en la banda, los tres se reparten el peso (y el protagonismo) de la composición de letras y melodías, es más, cada uno interpreta sus propias canciones, y el dúo restante se limita a hacerle los coros. Además, se complementan entre ellos y cada uno tiene su propio estilo, Norman Blake es más guitarrero, Raymond McGinley más introvertido, y Gerard Love más romántico. Nos encontramos entonces con un maravilloso alarde de democracia musical que sirve además como juego para sus seguidores que señalan a uno u otro como su compositor favorito. Un magnífico ejemplo que sólo puede darse en una formación donde no existen los líderes ni la lucha de egos.

¿Qué me escucho de esta gente?

Como hemos apuntado más arriba, TFC cuenta con una extensa discografía; decidir qué discos deben escucharse antes que otros se convierte en tarea imposible, en general todos son buenos y sólo de vez en cuando se producen altibajos en cuanto a calidad y talento. Tampoco es justo decir que sus discos se parecen mucho unos a otros, porque es cierto que se nota esa evolución de la que hemos hablado; así pues, cada uno tendrá sus discos favoritos y otros que les gustará menos. Sí es cierto que todo el mundo (público y crítica) parece apuntar a Bandwagonesque como el mejor de los álbumes de los escoceses, aunque a mí personalmente me gustan mucho los pertenecientes a esa primera época más oscura y guitarrera, A Catholic Education (Creation, 1990) y The King (Matador, 1991), y también Thirteen (Geffen, 1993), considerado uno de los discos menores del grupo quizás junto con Howdy (Sony, 2000). Quizás el repertorio interpretado en el Contempopránea se base más en el último álbum que salió a la luz, Made-Man (Sony, 2005), por otro lado también un muy buen disco que sirvió para reconciliar a los escoceses con parte de su público perdido. Aparte de todo esto, se encuentra Four Thousand Seven Hundred And Sixty Six Seconds: A Shortcut To Teenage Fanclub (Sony, 2003), excelente disco recopilatorio que no se limita a recoger los éxitos más conocidos de la banda, sino que ofrece un balanceado repertorio de temas, combinando temas más rápidos con medios tiempos que mantienen el ritmo del disco sin resultar monótono ni cansino; en cualquier caso, una magnífica forma de acercarse de manera rápida y directa a la extensa obra de TFC.

¿Copazo o botellón?

A falta de conocer los horarios en los que se dispondrán el orden de actuaciones, mi recomendación para asistir y disfrutar del concierto de los escoceses sin morir en el intento, es ir al servicio y al avituallamiento (o sea, la barra de bebidas) durante la actuación anterior para estar en plenas facultades de cara a la riada inexpugnable de gente que a buen seguro se agolpará frente al escenario del castillo. Con cualquier otro grupo, podría recomendar quedarse fuera del concierto y ponerte ciego en el botellón mientras los demás se dan de codazos por avanzar unos metros; pero no en el caso de TFC, una banda mítica capaz de hacer de cualquier actuación una leyenda. Que os aproveche.

Página de Teenage Fanclub

MySpace de Teenage Fanclub

Página del Contempopránea

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