Rufus T. Firefly – My Synthetic Hearth


Texto: El Tesorero

Imágenes: MySpace de Rufus T. Firefly

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Bueno, la verdad es que llevaba tiempo aplazando esta reseña no porque no hayamos escuchado el disco hasta ahora, sino porque francamente no sabía ni por donde cogerlo (en el buen sentido); me explico: por lo general, los discos siguen un patrón muy común especialmente en los artistas mainstream, que es que todo álbum que se precie debe tener un hit pegadizo, un single que pegue en las listas, una balada, una más rockerilla, una más experimental para dar sensación de transgresión… Así es fácil hacer una review porque enseguida formas un esquema del disco en la cabeza, y vas soltando las palabras hablando de una u otra canción sin pararte a pensar mucho en el propósito del álbum en su conjunto. En My Synthetic Hearth no pasa eso, pues si bien es cierto que sus temas son bastante heterogéneos, todos ellos tienen un sentido y una razón de ser en el contexto general del disco, que como conjunto de canciones parecen hilvanar un guión como si del argumento de una ópera se tratase.

No quiero ponerme trascendental ni pedante con halagos vacíos, pero el disco autoproducido por Rufus T. Firefly es para escucharlo con los cascos puestos, con el libreto por delante y haciendo un pequeño esfuerzo por averiguar de qué hablan en sus letras; a medida que recorres el disco, te sorprendes al ver que muchos de los temas parecen estar relacionados los unos con los otros, o al menos ésa es la sensación que se te va inculcando en el subconsciente. El mundo de Rufus T. Firefly es oscuro y algo siniestro, pero muy cálido y cercano pues se describen una y otra vez inquietudes y anhelos, con un punto de vista introspectivo que supone un continuo ejercicio de desnudar el alma ante el oyente.

La banda de Aranjuez resuelve con soltura su estilo de rock ruidista y garajero que combinan con algunos reseñables elementos pop: la importancia de los teclados, las notas nítidas en algunas de sus guitarras, o el marcado carácter melódico de sus temas más íntimos. La voz de Vic, su cantante, no posee unas características muy diferenciadoras, pero se antoja cercana y amable y se ajusta como un guante a los giros de corte épico que contienen algunos de los momentos más luminosos del disco. El resto de componentes tienen también sus segundos de gloria, como los efectos en “Clouds Factory” o el bajo en “Disillusion“. Aunque mis temas favoritos son “8:24”, una desgarradora declaración de intenciones que supone un magnífico segundo asalto del repertorio (tras la más amable y marciana “How to turn rivers into aluminium foils“, que abre el disco), y “?”, una declaración de amor y gratitud incondicional en clave de canon en el que los instrumentos se van sumando a la voz como referencia para ir aumentando el ritmo de manera sensacional.

El disco en general sorprende por su calidad y acabado, todo en él suena de maravilla y se encuentran originales recursos al alcance de muy pocos; sin embargo, hay algunos peros (siempre hay un pero) que deslucen el conjunto. Por un lado, está el tema del idioma; Rufus T. Firefly cantan en inglés, y aunque lo dominan, a veces se nota demasiado el acento; sin querer incidir mucho en esto, pues yo mismo flojeo bastante como angloparlante (mi profesora de la erasmus decía que tengo acento norteamericano, fíjate tú qué cosas), es de reconocer que algunas palabras suenan un poco raras y eso hace que las frases no salgan naturales. No les critico que canten en inglés, sus razones tendrán, y además no estoy seguro de que el efecto resultase mejor en castellano. Por otro lado, creo que el repertorio se haya muy descompensado en su distribución a lo largo del álbum; las mejores canciones están al principio del disco y a partir de “?” el disco empieza a flojear bastante hasta el final; además, la canción que da nombre al disco, “My synthetic hearth“, aunque bonita y original por lo que supone, no termina de convencer y corta el rollo definitivamente para que no se pueda disfrutar del todo del apoteosis final que plantean con la instrumental “Like Hachiko“.

En definitiva, el disco no es un easy listening, pero gana con cada escucha sobre todo si se hace un esfuerzo por entender las letras y captar el sentido de los temas. Y es que creo que, como un viaje que planeas hacia un lugar lejano y desconocido, hay que prepararse con calma y estar dispuesto a disfrutar de lo que venga.

8:24 from Sinnermanfilms on Vimeo.

MySpace de Rufus T. Firefly

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