Miguel Rivera -Maga- (Sala Aftasí, 16/11/2013)


Según Wikipedia el término “virtuosismo” en música implica unas habilidades o capacidades técnicas extraordinarias por parte del intérprete de un instrumento musical, que en este caso aplicaremos a voz y guitarra, y no encuentro un adjetivo mejor para expresar lo que Miguel Rivera (Maga) hizo la noche del viernes en la Sala Aftasí de Badajoz.

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 Aún así esta palabra también denota cierto grado de distancia entre el artista y su público y nada más lejos de la realidad ya que Miguel diseñó un concierto íntimo y cercano hasta el punto de empezar con “Diecinueve“, tal vez por eso de “y dormíamos tan juntos que amanecíamos siameses“.

Seguidamente, y siempre en un tono  próximo, comentó su relación especial con el agua de donde viene “Último mar” canción que comenzó alejándose del micro (una constante durante todo el concierto) y meciéndose “rollo barco” sobre la tarima que se inventó para el evento. Y de nuevo vuelta al Disco Blanco con “Celesta“.

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Siguiendo con las confesiones el sevillano se sinceró respecto al origen de “Sal y otras historias“, canción escrita a un hijo que estuvo por venir en un pasado no muy lejano y que espera llegue algún día para poder decirle, ya con voz de anciano:”hijo mío, no quise escribirte la típica canción ñoña que se dedica a los niños”. Y claro, como toda fábula que se precie necesita de la interacción del público para ser comprendida en su totalidad por lo que Miguel solicitó palmas y voces durante la misma. Después llegarían “Hagamos cuentas” paseando los acordes de guitarra por la sala y “Ver de otra manera“.

A estas alturas del recital el frontman de Maga, ahora en solitario, mostraba abiertamente su cariño hacia la ciudad de Badajoz, su admiración por la Torre de Espantaperros y su gusto por la Torta de Tierra de Barros antes de acercarse a la crítica a la ostentación cofrade que es “Silencio“. La canción que marcó la mitad del concierto fue “Piedraluna” que enlazó con “Satie contra Godzilla“, con hachazo a Bunbury de por medio.

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No podían faltar “Agosto esquimal” ni su ya tradicional guiño a Ramón Rodríguez (The New Raemon) con la interpretación de “Te debo un baile“, para continuar hacia el final de su actuación  a través de “Un lugar encendido” y rematando con la fuerza de  “El ruido que me sigue siempre“.

Pero poco le duró el descanso a Miguel ya que no tardó ni un minuto en volver a salir, ahora en plan “abuelete batallitas”, para dar un repaso a las discográficas e invitar al personal a bajarse música siempre que sea a 320 kbps, claro. Todo esto porque “Rompe el reloj” acabó siendo single digital y no un Ep en vinilo con una portada bonita.

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La petición del público corrió a cargo de “Medusa” con sus cuatro acordes de guitarra y su poquito de Miguel “cortando el rollo” al público a mitad de canción para decir con un guiño que se despedía con “Des-Pi-De” aunque habría tiempo para un regalo más de la mano de “Anabel Lee” donde Miguel acabó de demostrar su virtuosismo a la guitarra.

Al final dio la sensación de que Miguel Rivera buscó durante todo el concierto un público más dispuesto a cantar a voz en grito sus  canciones pero es que éstas tienen unos giros tan característicos y su voz es tan especial que los  que no fuimos agraciados con ese don solo nos sentimos cómodos farfullándolas en la ducha o gritándolas en el anonimato de un gran concierto, y este formato sala invita más al susurro cómplice que a otra cosa. Esperemos que no  nos lo tenga en cuenta y vuelva pronto con o sin banda.

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