Disco de la semana: La orfebrería según los místicos – Maronda


A estas alturas de año lo normal hubiera sido escribir sobre  una de las muchas novedades aparecidas en 2014, o sobre uno de los muchos grupos que asistirán a esta edición tan especial de Contempopránea, pero Maronda llevan dentro de mi mp3 desde el año pasado y no podían salir de él sin pasar por este blog.

Así Maronda es el proyecto con el que Pablo Maronda y Marc Greenwood, bajista en La Habitación Roja, debutaron en 2011 con el álbum “El fin del mundo en mapas“, editado en el sello Absolute Beginners. El dúo reivindica la tradición pop española más brillante (desde Juan y Junior a La Buena Vida) sin renegar de las habituales influencias externas (The Byrds, The Cure…).

Pues, aparte de colaborar con Antonio Luque en la grabación de “¡Menos Samba!“, Maronda se descolgaron en 2013 con su segundo disco, aún más costumbrista que el primero si cabe, de título “La orfebrería según los místicos” y 12 canciones llenas de una honestidad casi perdida que el grupo resume en esta declaración de intenciones:

1.- El disco estará en todas las plataformas digitales de uso habitual.

2.- No habrá CD. Es obsoleto y nadie los compra. No tenemos dinero para fabricarlo y mucho menos para distribuirlo. Quien quiera hacerse un CD para el coche, que consulte el punto 3.

3.- Permitiremos el acceso a la descarga libre, pero sólo desde nuestra web. Todo el que quiera el disco que lo baje haciendo un click, pero en la página oficial. No queremos descargas piratas de otros sitios que se lucran con publicidad por nuestro trabajo.

4.- Habrá vinilo. Todo el que quiera contribuir a la causa podrá comprarlo en una edición limitada de 300 copias en vinilo de color, numerada, grande, bonita y con un sonido espectacular, a 10€. Lo venderemos en los conciertos, contra reembolso y en algunas ciudades.

5.- Intentaremos tocar en tu ciudad en formato de dúo que somos en realidad. Lo sentimos, pero una batería, amplificadores grandes, alquilar una furgo, 4 personas, 4 dietas, 4 camas… ¡sería demasiada pasta!

Según el mismo Pablo Maronda “La orfebrería según los místicos” hace referencia al oficio de hacer canciones: un trabajo manual, detallista y artesano que, a diferencia de la ebanistería o la platería, se circunscribe al ámbito de lo puramente intangible. La música flota en el aire, son vibraciones de sonido que no pueden tocarse, y por tanto son el resultado de la artesanía espiritual, de los místicos: la abstracción más pura en el campo de la creación artística.

El dúo, ya fuera de Absolut Beginners y reforzado por Alfonso Luna (Tachenko) a la batería y Jordi Montero tras los arreglos de cuerda, vuelve a adentrarse en los dramas de las relaciones de pareja, en los recovecos de la nostalgia y la esperanza mediante bonitas melodías y letras cantables y contagiosas. Las referencias a lo largo de todas sus canciones son gafapastas a más no poder como podréis comprobar a continuación, pero el resultado final es bastante asimilable e incluso reconfortante.

El disco da comienzo con Volverás, relejo de Cambiada, canción que abría su primer disco, y que recuerda profundamente a Los Mitos y a aquel hit titulado Cuando vuelvas. Originariamente Volverás, en una primerísima versión poco trabajada, hablaba de dos hermanos que hacen las paces después de mucho tiempo sin hablarse. Uno de los versos iniciales decía “Nuestros padres vendrán/Tú y yo a solas en el bar/Lo sabrán interpretar como un gesto de amistad”. Sonaba demasiado cursi y desapareció en el segundo borrador, con el cambio de enfoque hacia un amor perdido y resignado. Fue el primer single del disco y para la realización de su vídeo Maronda se inspiró en iconos pop como la portada del “Da Capo” de Love y las imágenes para “See Emily Play” de Pink Floyd y “Rain” de The Beatles.

El ruído eterno es mi canción favorita del disco y, a mi entender,  una de las mejores canciones de 2013. Esta letra sobre el despecho y el rechazo, basada en  el relato del mismo nombre de Alex Ross, es uno de esos temas efectivos y directos, con la frescura de los primeros Tachenko, las melodías de La Costa Brava y la cadencia de Los Brincos en Rápidamente (Contrabando, 1968).

Me fui antes de verte llegar cierra este  gran trío iniciático en la misma línea vocal y melódica que sus antecesoras, obras en las que se repite con maestría la acertada estructura de verso-puente-estribillo.

En Las luces resplandecen cuentan con la colaboración de Jorge Pérez (Tortel), quien grabó el estribillo de esta oda bucólica y deliciosa a la felicidad. Para componer el bajo de esta canción Marc se inspiró en Massachusetts, de los primeros Bee Gees.

He hablado con ella cambia el rumbo del disco hacia un pop más ruidoso con una base más guitarrera.  Como segundo single también tiene clip, el cualfue grabado en Estambul, los Alpes Suizos e Italia presentando escenas llenas de cotidianidad con las que muchas personas que no hayan estado en estos lugares también podrían empatizar.

La recriminación supone un delicioso dúo con Sandra Belda (California Snow Story) sobre las distintas versiones de una ruptura sentimental, bajo la atenta mirada de Gainsbourg y su Je suis venu te dire. (Tributo constatado).

El pájaro cuco y la muerte da comienzo a lo que podría denominarse la cara B del disco con una explosión sonora llena de dramatismo y guitarras destempladas.

La letra de La piedra negra es prácticamente una transcripción del relato del mismo nombre de Robert E. Howard, autor de Conan y miembro destacado del círculo del horror cósmico de Lovecraft.

La cristiandad se sostiene sobre bonitos arreglos y versos arrebatadores como: “no puedo recordar querer a nadie igual, más puro que el cristal, más que una cristiandad, sin mártires, sin más, me importas de verdad”. Y otra píldora cultural en la mención más o menos inadvertida a Nabokov en “oigo tu risa en la oscuridad”.

EnVivimos en democracia se apuntan con solvencia al juego de combinar con gran maestría la actual situación económica y social con, otra vez, una relación rota.

Viaje al final de la noche nos prepara para el final volviendo a retomar un relato, esta vez de Louis Ferdinand Celine, como eje central de la composición.

Los últimos días de Arcadia se encarga de cerrar el disco con un recuerdo agridulce a la juventud pasada a través de más de 7 minutos de canción en el que también, cómo no,  puede rastrearse la huella de Evelyn Waugh, cuyo “Retorno A Brideshead” comienza con la expresión latina: Et In Arcadia Ego. La duración, 7:14, es un guiño a Hergé y su “Vuelo 714 Para Sidney”. De adolescente Pablo Maronda era muy fan de Tintin, y éste tomo en concreto sigue siendo uno de sus favoritos. Marc  dijo algo así como “Oye, la canción se termina en 7 y algo. ¿Hay algún número que empiece por 7 y signifique algo para ti?”

Si la primavera tuviera una banda sonora sin lugar a duda que sería “La orfebrería según los místicos.”

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