La Bien Querida (Sala2 Gran Teatro Cáceres, 21/03/2015)


El fin de semana pasado Ana Fernández-Villaverde y David Rodríguez presentaban en Badajoz y Cáceres una colección de canciones representativas de los cuatro discos que han firmado hasta la fecha bajo el nombre de La Bien Querida. Con un formato acústico superreducido que sólo las mejores composiciones suelen aguantar, el dúo neocostumbrista vivió los extremos de Extremadura en sus carnes ya que aunque Ana eligió un alegre vestido de novia para actuar el viernes en Badajoz parece ser que la verdadera fiesta se trasladó a la sala 2 del Gran Teatro de Cáceres donde el sábado lució un sobrio vestido negro. Nosotros tuvimos la suerte de asistir al segundo de los conciertos y sólo podemos decir que salimos exultantes.

 

El recital comenzó a las once de la noche con una puntualidad británica muy poco vista por estos lares. Ana saludó a una sala repleta por un público bastante heterogéneo y explicó que aunque acaban de sacar su cuarto disco -Premeditación, Nocturnidad y Alevosía- en estos conciertos acústicos  estaban haciendo un repaso de toda su carrera donde no faltarían sus grandes éxitos arropados por otras composiciones más íntimas.

Así, y con un descanso para el refrigerio a mitad del concierto como si de una ópera se tratara, la pareja fue entremezclando temas más calmados pero que se sustentan en el formato sin necesidad de artificio alguno como Siete medidas de seguridad, Sentido común, Los Picos de Europa o El origen del mundo  con otros más movidos que necesitaron el apoyo de bases electrónicas para su ejecución como 9.6, Queridos Tamarindos (dos de las más coreadas de la noche),  Arenas movedizas o Poderes Extraños. Ésta última junto a Muero de amor conformaron dos de los momentos más vibrantes del recital, fan intensito aparte. Para finalizar un concierto donde Ana se sintió siempre muy querida, hasta el punto llegar a ruborizarse, eligieron dos cortes preciosistas como Corpus Christi y La Veleta.

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Pasaba poco más de hora y cuarto cuando finalizó el concierto, ya que las canciones semidesnudas se convertían en pequeñas píldoras de no más de tres minutos que dejaron espacio para cantidad de estribillos, sonrisas y ovaciones en una noche en la que tanto la sala como los artistas brillaron  a gran altura. Pocas veces un viaje de vuelta a Badajoz fue tan placentero.

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