Podcast El Gallo Verde: Invierno (Temporada 01, Episodio 07)


Buenos días y bienvenidos al podcast de El Gallo Verde
Llegamos al final del año y entramos en una estación que en casi todas las culturas está asociada con la tristeza y el silencio. También con la navidad y el recogimiento en familia. Estamos hablando del invierno, tiempo de leyendas e historias a la luz del fuego.

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Una leyenda argentina dice que hace mucho tiempo, cuando los hombres y mujeres todavía no existían, la tierra, recién nacida, estaba poblada por animales. Tampoco las estaciones dividían el tiempo y, en un mismo día podía caer una abundante lluvia de primavera, hacer un calor agobiante propio del verano, soplar un fuerte viento otoñal y bajar la temperatura hasta hacer tiritar de frío como en el invierno. Esta situación no le gustaba a los habitantes del lugar y siempre se quejaban.

-Cuando el frío llega de golpe, no nos da tiempo a conseguir comida- decía el Armadillo
-Y nosotros no podemos nadar tranquilos en la laguna, cada tanto, el agua se congela- protestaban fastidiados los Cisnes de cuello negro.
-Si supiera que se viene el calor, a mi nido lo haría a la sombra, bajo los árboles y no al rayo del sol- agregó el Chingolo.
-Y yo me iría cerca del agua para refrescarme- comentó molesto el Guanaco.

Entonces, Elal, el creador y protector de todas las criaturas, reunió a los animales para ordenar las estaciones y pensó que sería buena idea que los habitantes de la Patagonia se pusieran de acuerdo entre ellos sobre el asunto. Estaban todos reunidos y los jefes de cada especie discutían mientras sus compañeros escuchaban a el Ñandú, la liebre, el Zorro, el Cisne, el Flamenco, la Tortuga, el Piche, la Cucaracha, el Puma y el Guanaco, entre otros. Como no se ponían de acuerdo y la discusión iba para largo, Elal intervino:-¿Quién quiere invierno corto y quién quiere invierno largo?
-El invierno debe durar doce meses, ni uno más ni uno menos- dijo el Ñandú.
-¿No te parece mucho tiempo Ñandú, algunos animales podrían morir de hambre?- Le preguntó Elal.
-Al que no le guste el invierno, que se vaya una temporada al norte- dijo el Ñandú con pocas ganas de ceder su posición. Recordemos que en Argentina, al estar en el hemisferio sur, cuanto más al norte se viaje, más nos acercamos al clima cálido.

Esto es un Ñandú


Como el Ñandú cuando se enojaba era capaz de dar unos picotazos terribles, nadie lo contradijo y todos permanecieron en silencio. Sabiendo esto, Elal intervino nuevamente:
-Escuchen con atención, voy a dejarlos un rato para que lo discutan y, tomada la decisión, después no habrá cambios.
La liebre, que había permanecido sentada y muy callada, como nadie decía nada, intervino gritando:
-Es mucho, las plantas no van a crecer ¿Qué vamos a comer? Nos moriremos de hambre, el invierno debe durar tres meses.
El Ñandú, levantó una ceja convencido y dijo: -Doce meses.
-Imposible, es mucho tiempo y no vamos a encontrar comida. ¡Que dure tres meses!- comenzó a gritar la liebre.

El resto de los animales no participaban y la discusión se centró en la liebre y el Ñandú. Que doce meses, que tres. Que doce, que tres. Y a medida que la liebre porfiaba, el emplumado se sentía desafiado, revolvía los ojos y pataleaba.
-¿Para qué quiere tres lunas usted?- preguntó a punto de perder la paciencia.
-Yo quiero tres porque con doce meses sé que no voy a comer nada.
Los otros animales también pensaban lo mismo, pero por miedo al Ñandú, se resignaban a un invierno eterno y a sufrir penurias y hambre.

La liebre, al ver que los demás no decían nada y que el ave no daría el ala a torcer, salió corriendo en busca de Elal. El Ñandú salió detrás de ella, tratando de darle pisotones y picotazos.
Elal al ver venir a los corredores, subiendo la voz, les preguntó:
-¿Cuántos meses de invierno quieren al final?
-Tres meses-, gritó adelantándose la liebre, burlando al Ñandú, más preocupado en asestarle un picotazo.
-Así será- dijo Elal.
Al darse cuenta, el emplumado enfurecido, siguió la persecución de la liebre y cuando la liebre estaba por entrar a su cueva, el Ñandú en una última zancada alcanzó a pisar la cola de la liebre, esta tiró y tiró hasta que la cola se le cortó, pero logró guarecerse en su cueva asustada pero con los tres meses ganados.
Así, gracias al valor de la liebre, que perdió su cola, hoy tenemos tres meses de invierno.


Cuenta la mitología griega que el origen del invierno se debe a que, Hades, dios del inframundo, se enamoró y raptó a la bella Perséfone (hija de Zeus y Deméter) cuando se hallaba en compañía de sus amigas las ninfas. En el momento en que iba a coger un narciso, la tierra se abrió y por ella apareció Hades en un carro, la toma y se la lleva para hacerla su esposa. Zeus le ordena que la devuelva a Deméter, sin embargo, Hades engaña a Perséfone y le hace comer semillas de granada, comida del inframundo, y todo el que coma comida del inframundo estaba obligado a quedarse allí para siempre; de esta forma, Perséfone se convirtió en la diosa de los Infiernos.

El rapto de Perséfone, de Bernini


Pero Deméter diosa de la tierra y las cosechas, sin su hija, cayó en una profunda depresión que hizo que en la tierra se destruyeran las cosechas y causando el hambre entre los seres humanos, lo que les llevaba a la muerte. La diosa permaneció en la tierra mientras buscaba a su hija, disfrazada de anciana sin comer ni dormir.

Zeus, viendo que la tierra quedaba desolada, las plantas se secaban y morían, llegó a un acuerdo con Hades de tal forma que repartió el año de tal manera que Perséfone pasara seis meses con Deméter y seis meses con él. Durante el tiempo en que su hija se encontraba con Hades, Deméter se entristecía y provocaba el invierno, pero la alegría del rencuentro con su hija hacía que la tierra volviera a florecer y que los campos volvieran a dar su fruto.


En las Hurdes de Extremadura el 8 de diciembre Sopla un viento helado y cortante que desciende desde la sierra de las Corujas, una montaña mágica y legendaria, una extraña figura femenina: La Chicharrona.
Su nombre, “Chicharrona”, le viene por su relación con uno de los rituales más enraizados en la cultura rural extremeña: La Matanza. Con la ella llegan las mantecas, y con las mantecas del cerdo se hacen los chicharrones, unos deliciosos bollos de harina y azúcar.

Es La Chicharrona una mujerona silvana y mitológica, vestida de pieles de cabra, que cubre su pajiza cabellera con un viejo gorro de piel de zorra o pelo de lobo, y que calza unos enormes zuecos. Lleva las pieles animales sujetas por un cinturón ancho, de donde cuelgan cencerros y calabazas vinateras. En su cuello, grandes collares formado por mazorcas de maíz ya desgranadas y chorizos enroscados.
En sus manos, los símbolos de su poderío: una vejiga de cerdo rellena de agua y un garrote, emblema de la mujer salvaje. En su regazo el símbolo fructificador de un fardel con castañas, nueces e higos pasos. De su zurrón sobresale un pergamino enrollado: La licencia. Y aún trae más en su bolsa encantada: el frío invernal.

La Chicharrona baja a las alquerías hurdanas el día en que los aires fríos se adueñan de esta parte del mundo, y desciende de sus dominios mágicos con la licencia para que los humanos puedan iniciar los rituales matanceros.

Foto de JM López para El Vuelo del Onocrótalo (link a fuente original haciendo clic en la imagen)

En el zurrón lleva el frio
Que reparte a manos llenas
Traigamos el aguardiente
Compadre, siga la fiesta
“De entre la nieve branca
abaja la Chicharrona,
licencia trae pa matar
el cebón y la cebona”


En las calles del pueblo la reciben con coplas vetustas y antiguas tonadas que hablan del frío seco que trae la Dama Salvaje, de las alquerías hurdanas, de la sierra mágica y del momento mítico en el que los dos mundos se encuentran. Y se acercan a besar a La Chicharrona, con el convencimiento de que traerá suerte a nuestras vidas y carne a nuestras despensas.

Y ya en la noche cerrada, cuando las últimas luces se apagan y el silencio se adueña de la aldea, los hombres duermen, pero los ritos no acaban. Porque en algunas viviendas “dejaban un pote de castañas cocidas con un cacho de tocino, arrimado a la lumbre porque cuando todos duermen, entra La Chicharrona a cenar en las casas. Y hay que tenerla contenta para que el año próximo también trajera la licencia para la matanza.



Y hasta aquí esta particular edición del podcast de el gallo verde, ambientado gracias a los temas
Por Navidad de Cariño
Vuelve Inverno de Luichi Boy y Adriana Proenza
E Invierno a la Vista de Ízaro y Xoel López

Eso es todo, nos vemos el año que viene,
Feliz Navidad!

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