Todo el mundo lo está flipando con la versión de Amaia pero porque no conocen este mashup de Family y Camela

La gente se está deshaciendo en halagos hacia Amaia por su intimista versión de “Cuando zarpa el amor” de Camela. Es cierto que este dueto compuso un gran temazo y que la versión de Amaia pone en valor que la letra y la melodía no pierden un ápice de fuerza aunque se lleven a un terreno menos movido pero igual de intenso.

Sin embargo no es la versión más original. Os presento el mashup que nunca jamás pensasteis que escucharíais: ‘El bello verano” de Family amalgamado con una finísima elegancia con “Cuando zarpa el amor” de Camela.

El Donosti Sound encarnado en unos fugaces Family hermanado con los casetes superventas de gasolinera de Camela gracias a unos Jaime Lee Curtis DJs en estado de gracia. Esta remezcla la subieron a su perfil de SoundCloud hace ya 6 años y hoy tenemos de nuevo la oportunidad de reivindicarla.

Si os a gustado también os invito a pasaros por su Soundcloud en donde podréis encontrar otros mashups epatantes y deliciosos a partes iguales como la mezcla de Dicienueve de Maga y Diamonds in the sky de Rihanna, o Rocío Jurado con Crash Test Dummies.

Podcast El Gallo Verde: Memoria (Temporada 01, Episodio 12)

Buenos días y bienvenidos a El Gallo Verde

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La memoria tiene formas extrañas de trabajar, las calles, las caras, los nombres que un día fueron tan familiares para ti como tu propio nombre, se convierten en perfectos desconocidos. Como si en el disco duro del cerebro hubiesen formateado para siempre toda una parte de tu vida, o eso crees, porque a veces, sin saber muy bien cómo, vuelven a tu cabeza imágenes de aquel dormitorio de la casa en la que viviste durante un año y de la que apenas recuerdas detalles, de esos batidos espumosos que hacían en un puesto callejero, y de personas, que como escucharemos más adelante, reconoces sus caras pero no sus apellidos.

Si como dice el vídeo de arriba, el olvido es un regalo de la memoria para que recordemos que cualquier tiempo pasado fue mejor y no tengamos que vivir con el peso de toda la inseguridad, el miedo, la soledad, la incomprensión y en definitiva, todo lo malo que hemos experimentado y acumulado, también tiene su coste: olvidamos la receta de aquel bizcocho tan rico y que hacíamos con los ojos cerrados, olvidamos los chistes que nos hicieron pasar una tarde de verano, olvidamos las personas que nos acompañaron.


En 2015 se lanzó Google Photos, la aplicación para guardar todas tus fotos en la nube, y yo me lancé a subir todos mis archivos digitales. Ahora cuando haces una foto con tu móvil y la guardas se registran con absoluta precisión la fecha, la hora, las coordenadas gps, con qué modelo de teléfono hiciste la foto, y muchos otros datos más. Pero al pedirle a Google hace unos años que te copiase todas las fotos de un CD grabado en 2004 las cosas se complican, porque las cámaras digitales antiguas no registraban tantos datos, o peor, si no te asegurabas de configurar bien la fecha y la hora de la cámara o se le iban las pilas, todas las fotos están tomadas el 1 de enero del 2000…

¿Por qué os cuento este rollo? Porque recientemente, queriendo imprimir fotos antiguas, he tenido que revisitar esos primeros años de mis fotos guardadas en la nube y estaban completamente revueltas unos con otras entre los 2000 y 2006. Así que he tenido que tirar de memoria para poder poner en orden todas esas imágenes. Y no ha sido nada fácil. No sólo por el esfuerzo intelectual de recordar, sino por el esfuerzo sentimental, y es que todas esas fotos estaban asociadas a momentos, la mayoría felices, pero también algunos que el tiempo ha convertido en agridulces. Saber que esa foto corresponde a tal año porque ya no tienes amistad con una de las personas que sale, o ver que en esa misma noche de fiesta en la que salís tan contentos fue también cuando tuviste una discusión grave, el último Contempopránea que compartiste con esa persona, reconocer las caras de tanta gente que pasó por tu vida pero de la que ya apenas recuerdas si acaso un mote,…

Doble Pletina, del que os recomiendo escuchar su genial “Música para cerrar las discotecas”, nos cuentan con música esa deriva que supone dejar atrás a amigos y conocidos y quemar etapas de la vida.


Según la mayoría de los estudios científicos aunque los seres humanos tenemos una gran memoria visual, es decir, somos capaces de recordar cosas que hemos visto, el sentido que más es capaz de despertar recuerdos sensoriales y emocionales es el olfato.
Los recuerdos autobiográficos asociados a los olores son más antiguos que aquellos asociados a la vista o al lenguaje. Mientras los primeros comienzan a formarse antes de cumplir diez años, los segundos solo se forjan con fuerza entre los diez y los veinte años. Y los recuerdos provocados por el olor se asociaron con sentimientos más fuertes y que se habían recordado con menos frecuencia que los recuerdos evocados por la información verbal y visual. Es decir lo que recordamos haber visto es por repetición pero el olfato nos lleva a momentos únicos.

Por eso, seguro que muchos al oler algún guiso o el aroma del bosque en un paseo por el campo o al abrir un rotulador nuevo, os habréis recordado de niños haciendo algo parecido.

El oído, por lo que he podido investigar, se parece más a la vista porque está diseñado para reconocer sonidos y relacionarlos con conceptos concretos, por ejemplo una alarma significa peligro, o capturar información que nos será necesaria más adelante, el nombre de una persona que no conocemos y nos acaban de presentar. Sin embargo, según afirman algunos psicólogos, la memoria crea recuerdos como películas mentales que se activan al escuchar ciertas melodías, como si le pusiéramos una banda sonora a lo que vivimos.

Amaia también se acuerda de alguien en esta canción, pero no sabe qué va a ser de ellos, solo aspira a tener un recuerdo en un concierto que “quedará en nuestra mente”


Los cambios de casa son el momento de hacer balance de lo que tenemos en cajones, armarios y estanterías, cuando afrontamos una mudanza cada objeto que sacamos de un cajón es rápidamente evaluado y decidimos si va al contenedor o si se gana un sitio en una de las cajas de supervivientes. Los elegidos son aquellos que de verdad conectan con nosotros.

Por eso todos tenemos en un cajón alguna camiseta que ya no nos queda bien o que tiene el diseño completamente borrado sólo porque está asociada a ese festival, o nos recuerda a la persona que éramos cuando nos la poníamos. O una figurita horrible ocupando sitio en nuestra estantería minimalista que no nos atrevemos a tirar por miedo a olvidarnos de quien nos la regaló.

Airbag lo explica perfectamente en Memoriax 500. Hay objetos que son recuerdos físicos, y hay recuerdos que nos gustaría poder convertir en objetos para así poder mandarlos al contenedor pero, por mucho que queramos, no podemos deshacernos de ellos.
Muchas gracias por llegar hasta el final del podcast, esperamos que os haya dejado un buen recuerdo

Un abrazo y ya nos veremos después de semana santa.